jueves, 29 de septiembre de 2011

HISTORIAS E HISTERIAS 2


 

LA MUJER QUE LADRA


Hacía tiempo que no visitaba Barcelona y pensé que sería buena idea ir caminando desde Gracia hasta Plaza Catalunya. Crucé todo el Paseo mientras admiraba la bellísima arquitectura que reinaba a cada lado. Cuando llegué al destino me dio coraje bajar a la estación de tren y marcharme sin más, así que decidí apoyarme en una farola junto a la boca de metro y fumarme un cigarrillo.
Oí el ladrido de un perro.
Que sensación más agradable era la de fumarme aquel detestable cigarro mientras admiraba mi ciudad.
Volví a oír el ladrido.
En unos minutos bajaría las escaleras, subiría al tren y pondría rumbo de vuelta a mi aburrido aunque querido pueblo.
Esta vez el ladrido fue exageradamente fuerte. Parecía provenir de detrás de una planta que había a pié de un árbol. Me fijé bien y vi que esta vibraba como si el perro estuviera en su interior, algo completamente normal si no fuera por que lo que salió de ahí no fue un perro sino una mujer mayor, de unos setenta y cinco años. Iba bien vestida y aseada, no tenía pinta de ser una lunática, pero estaba ladrando desesperadamente en plena calle y lo peor es que parecía un perro de verdad. Yo la miré estupefacto mientras ella seguía emulando a un cánido que parecía estar agonizando. Empezó a caminar arqueadamente pero se cercioró de que yo la estaba mirando y entonces, con un robotico y brusco giro de cuello me miró y se detuvo. Sentí un pequeño escalofrío, como el que siente un niño cuando le pillan con las manos en la masa. Tragué humo y empecé a toser. La mujer asintió lentamente con la cabeza y mientras se mordía el labio inferior empezó a caminar hacia mí. Mis ojos se abrieron por completo y mi mente dio el estado de alerta. La anciana se detuvo a escasamente un metro de mí y me señalo con el dedo.
-Perdone señor juez – me dijo en tono de reproche- ¿A usted le parece bien que yo tenga que mear ahí en un matorral como un perro? ¡Eh!- Su tono de voz era tan alto que todo el mundo que pasaba miraba la escena.
-¡Maricón de mierda, desgraciado, maricón, desgraciado, maricón de mierda!- No paraba de repetir ese mantra mientras me miraba y me señalaba con el dedo. Yo ya no pude aguantar más y estallé en carcajadas, pero mi risa me hizo escupir el humo del cigarro en su cara, cosa que no le sentó nada bien, así que se calló de repente, y entonces me miró; lo hizo como jamás nadie lo ha hecho. Su rostro se tornó extremadamente serio y su ojos me penetraron, pude ver la autentica mirada de un loco. Aquella mujer tenía el aspecto de la típica señora de Barcelona. Era pulcra, podría ser mi abuela, tu abuela, pero no lo era, era una autentica lunática que estaba ladrando en plena calle y gritándole a un joven desconocido. De repente el miedo me invadió, temí que se abalanzara sobre mí e intentara agredirme, pero no lo hizo, bajó el brazo con cuyo dedo me señalaba, empezó a ladrar de nuevo y mientras se alejaba hacia un semáforo siguió mirándome y ladrando. El muñeco del semáforo se volvió verde, la multitud empezó a cruzar la calle y ella desapareció entre ellos.

Me quedé mirando a la nada, pensativo, intentando analizar lo que había ocurrido y cuando lo conseguí empece a reír como jamás había hecho. Las personas que pasaban por la calle y me miraban veían a alguien que podría ser su hermano, su hijo, su novio... pero no lo era, era un loco que estaba llorando y riendo a carcajadas en plena calle.


FIN.

2 comentarios:

  1. XD Raulete, este cuento dan ganas de dibujarlo, por que si no es un cuento, o la vieja esta muy loca o el señor juez se tomó algo ese dia :P

    ME ha encantao, mucho mas que cuando me lo contaste en persona.

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